lunes, 15 de julio de 2013

Nada pudo impedirlo...

"...ellos se besaron sin rozarse... se besaron porque nadie pudo hacer nada por evitarlo y porque ninguno de los dos quiso resistirse"



Hay tantos instantes que la lectura hace que me 'salve', que es imposible a pesar de mi capacidad para clasificar que lo consiga. Esta frase unida a la de "echo de menos la vida cuando era nuestra", hacen que sepa que no me equivoqué al comprar el libro sin ni siquiera conocer el argumento. Lo compré porque me atrajo la foto de la sobrecubierta y la frase de la banderola, "un día sin leer es un día perdido"... Sin pensarlo siquiera, supe que un libro que se vendiera así debía ser leído. Hoy sé que no me equivoqué. Me encanta y me ha llevado a evaluar la importancia de las miradas.

Me gustan las miradas cuando son claras... cuando no mienten... no ocultan...cuando no están enfadadas... e incluso cuando son tristes...

Si no se mira a los ojos de la gente nunca sabrás como son de verdad, y mirándolos siempre sabrás la limpieza o suciedad que su alma contiene... Sin necesidad de gotas dilatadoras de pupilas soy capaz de adentrarme traspasando el nervio óptico y encontrar el camino para llegar a lo más profundo de cada persona.  El tiempo acaba recordándome que mi capacidad de conocer a simple vista es casi infalible.

Lo primero que observo cuando conozco a alguien son sus ojos, luego sus manos y en tercer lugar... los zapatos. La boca y la sonrisa no ocupan un lugar destacado porque éstas siempre dependerán de los ojos, por eso son actrices secundarias, llegando incluso a adelantarlas... ¡¡¡los zapatos!!!

En los ojos; veo el alma, las inquietudes, el estado de ánimo... en las manos; la edad, la ocupación, lo que la vida ha deparado a la persona observada... en los zapatos; veo el cuidado y el amor que se profesan a si mismos.

Y como es habitual en todo lo que escribo, volviendo al principio, que instante tan maravilloso debe producirse cuando tu entendimiento con el otro es de tal magnitud que puedes besarlo con la mirada. Cuando la cercanía no depende de los centímetros sino de la emoción. Cuando da igual lo que tu razón te indique, y solo obedezcas a tu corazón.

Hace unos días, un discurso que presencié versaba sobre el error en el que incurría todo aquel que creyera que la vida consistía sólo en la vivencia de momentos felices y que el sufrimiento era una parte importante de la misma. Supongo que tenía razón, que si no conoces el sufrimiento muy difícilmente podrás conocer lo embriagadora que es la felicidad... Pero, y a pesar de, tiene que ser extraordinario poder siempre y por siempre besar con la mirada, independientemente del sufrimiento que cada uno de los que se besan lleven consigo.

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