No se escoge el recorrido, suele venir impuesto, pero sí la hora, el día e incluso la actitud con la que lo emprendes... y existen momentos en los que la hora, el día y la actitud que te proporciona saber que a tu paso todo brilla, hace que el azar se ponga de tu parte y te regale aquello que necesitas. Y también existen momentos en los que la hora, el día y la actitud son tan grises que ante tu imposibilidad de elegir, es el azar el que debe escoger por ti.
Hace algún tiempo me encontraba en uno de los lugares que más me gusta estar, pensando en como armonizar lo que debía hacer y lo que quería hacer... Buscando la serenidad necesaria para continuar... Me había cansado de pensar, de escribir y no había llevado el libro que leía así que decidí buscar un pretexto para liberarme de la responsabilidad e irme a casa. Durante el trayecto hacia el coche ocurrió algo, encontré una librería en la que tuve que entrar, casi nunca puedo resistirme a mirar en ellas. En ese momento, me encontró "el libro". Es curioso que me fijara en él porque no tenía una cubierta que me atrajera, ni una gran fotografía... lo que me llamó la atención fue su título.
Lo compré y busqué acomodo para empezar a leerlo... increíble... aparte del "maravilloso paisaje literario que te encuentras", frase que recientemente me ha dicho alguien a quien se lo recomendé, ese libro tan hermoso había sido escrito para mí, cada detalle que contenía me hablaba directamente a mí, llegando al más profundo rincón de mi alma con frases como "el verdadero dolor es indecible, lo primero que te arranca es la palabra". Este encuentro supuso varias cosas, pero sobre todo me recordó que no era única, que en algún momento volvería a tener ganas e inyectó una gran dosis de optimismo y el refuerzo de la idea de que aprender a disfrutar de lo bello, es realmente vivir. Fue tal impresión la que me causó que en el mismo instante en el que lo acabé le escribí a su autora con la simple intención de agradecerle el regalo. La sorpresa fue mayúscula cuando inmediatamente me contestó con un mail cuyo asunto era "impresionante". Aprendí algo ese día... aprendí que si te atreves nunca habrá un quizá. Que puedes ganar o perder, pero que siempre obtendrás algo, y también supe que quien no arriesga y no aprovecha las oportunidades que se le brindan siempre acabará perdiendo.
Algún tiempo después en un día, hora y actitud diferente, nuevamente el azar hizo que pudiera terminar un capítulo mal escrito, un dibujo emborronado, una pista defectuosa... Algo que estaba totalmente vacío de contenido, en el que no existía nada aprovechable, ni siquiera humo que pudiera confundir y creer en la existencia de algo que no veía, no había nada. El AZAR escogió clausurar, esta vez para siempre, algo oscuro, gris, que lo único que hacía era restar parte de ese brillo que naturalmente desprendía.
Todos somos naturalmente afortunados aunque existan ocasiones en las que no nos damos cuenta de ello y deban ser otros los que nos digan que siempre "el vuelo puedes alzar".

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