Hace mucho tiempo, jugábamos a un juego en el que uno de nosotros decía una frase y había que cantar una canción con ella... una canción que existiera por supuesto... Ayer me acordé de este juego en dos ocasiones... la primera, el momento en el que alguien hace un comentario regalándome una frase de un poeta cubano tras lo que mi memoria rebusca en qué canción ubicarla... la segunda, durante un segundo en el que me perdí la charla de mis amigos mientras paseábamos y escuché la conversación de los que nos seguían, "para bien o para mal esa es la decisión que tomé"... En ese mismo instante, jugué y la canción que apareció fue una de alguien que acompañó mi adolescencia y que desgraciadamente murió justo el día que cumplí cuarenta años.
Hubo una época en la que podíamos asomarnos a la ventana y ver a la 'chica de ayer', mil instantes de que hablar en 'una décima de segundo' o 'gritar una noche' mientras nuestra voz daba botes... todo era música. Luego vendrían otras épocas para todos, pero en ese momento, no había nada importante distinto a la lucha activa por aquello en lo que creías y cantar o hablar.
Ayer, precisamente en uno de esos domingos estupendos en los que la película que vas a ver te hace reír hasta decir basta, tienes la sensación de que no debes terminar esa racha y la conversación debe tener la ligereza necesaria para que las risas aumenten. De esta manera y nada más empezar el paseo, una pareja, suponemos que de enamorados, había decidido en ese atardecer y hasta que subiera la marea dejar constancia de que habían estado allí y de cuanto se querían. Esto podría haber dado al traste con nuestro intento de ser ligeros si no fuera porque acto seguido alguien había decidido también en la arena dibujar una tontería que nos devolvió las risas. Ya no paramos y la charla acabó tornándose en la diferencia de los que eran de verbenas, los de "bochinches" y los de guitarra. La diferencia entre los de "Ojalá" y los de la "Vaca". A pesar de nuestros pasados dispares, en ese momento paseábamos juntos y podíamos hablar de ellos y, sobre todo, reír, reír y reír.
Teniendo en cuenta a quien le ha tocado hoy ser tarareado decir que "si me dan a elegir entre tú y mis ideas, que yo sin ellas soy un hombre perdido... me quedo contigo". Me quedo contigo porque cada día me tiendes la mano y te preocupas porque esté bien... porque pasee... porque nada tema... porque me ría... porque encuentre... porque no dude... porque pueda.

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