martes, 13 de agosto de 2013

Sin perder el compás...

"... en la punta del amor viaja el amigo, en la punta más aguda que hay que ver, esa punta que lo mismo cava en tierra, que en las ruinas que un rastro de mujer..."


No había tenido protagonismo el subtítulo... no sé por que, hasta hoy no había reparado en él. Teniendo en cuenta que es mi estado habitual, se hace todavía más raro el que no le haya dedicado ni un minuto. Quizá por algo que compartí en otro momento, pero hoy me ha venido de nuevo a la mente. Así que al hilo de este monólogo intentaré no perder el compás.

Hace algunos viernes,  estábamos en un pub y comienza una canción... uno de los que allí estábamos, a pesar del ruido, de la hora y de lo inusual, desde las primeras notas nos dice cantante y título de la canción. A pesar de ser muy famoso, no conocía esa canción, así que la anote para escucharla bien porque la situación podría dar lugar a una entrada. Hace días que no repaso las notas, en realidad hace días que me pierdo en otras cosas. Anoche y por otro medio volví a escuchar esa canción. No la había oído nunca y de repente dos veces en diez días. Las dos situaciones fueron diferentes, ese viernes no escuché la canción, me pasé todo el rato riendo ante las explicaciones de aquella persona del por qué conocía esa canción. Ayer escuché la letra atentamente, no me reí, aprendí... no debía perder el compás, el camino tiene luces y sombras,  puede estar mojado y no por ello deja de ser camino.

Una vez más mi hado, mi ángel o quien quiera que sea que se preocupa porque, y a pesar de todo, mi camino sea transitable... llueva o esté seco.. se estreche o se ensanche... sin todavía haber solicitado nada a las Perseidas,  en la noche más lluviosa del año, me regala unas botas para el día de hoy. 

Hoy me perderé entre antiguas canciones de una época en la que todo era diferente, no era mejor, tampoco peor, era distinta. El futuro era más incierto que hoy, si esto es posible, aunque no tan preocupante, quedaba mucho para el futuro, y lo mejor era trabajarlo día a día. Se supone que adquirimos sabiduría con los años, pero no sé yo si no será más sabio ese 'vivir' de la juventud, que este 'vivir' de la madurez de la juventud. En ese entonces no tenía unos ojos que habían llorado de tristeza y de alegría, muy al contrario, empezaban a descubrir y a descubrirse, pero hoy sé que si me mareo tengo la biodramina, que los labios que no se besan no regresan y que prefiero cantar, siempre cantar porque la muerte es el silencio. Esta noche cantaré hasta quedar ronca, y si el repertorio incluyera la canción tarareada, intentaré no olvidar que "vale la canción buena tormenta, y la compañía vale soledad, siempre vale la agonía de la prisa, aunque se llene de sillas la verdad"


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