"... todo lo que diga está de mas, las luces siempre encienden en el alma, y cuando me pierdo en la ciudad, vos ya sabes comprender, que es solo un rato no mas..."
Ayer después de tres días en blanco, inusualmente, en día laboral y de mañana, se llenó el camarote... fueron llegando cada uno de los personajes habituales a desarrollar su historia en torno a la mesa. Por un momento, salí de la escena y pensé en lo complicado que era tres días antes haberla previsto. Se convertía de esta forma en uno de los 'momentos'. Y alguno de los que no están o los que ni siquiera esperas te sorprenden con la aparición del número rojo sobre el icono verde, diciéndote que te siguen extrañando.
Los días en blanco son producto de una mala jugada, esa que te obliga a caer en la casilla que te lleva a la cárcel. Todos aquellos que crecimos compartiendo juegos de mesa, sabemos que allí tienes que estar tres turnos sin tirar, a menos que consigas la tarjeta que te libera desde el momento en el que llegas. Uno de esos puntos rojos sobre el bocadillo verde me decía que su descubrimiento es que la vida es como el juego de la oca, que por mucho que la suerte te obligue a volver al principio, siempre puedes acabar ganando la partida.
Por la tarde, el camarote de nuevo volvió a llenarse y me acordé de que podía cambiar de juego, era el momento de la oca y era mi tirada. De repente se iluminó el tablero, un seis, había caído en el puente, avanzaba al siguiente y seguía tirando... En un mismo día sales de la cárcel, cambias de juego y empiezas con una tirada afortunada. Tendiendo puentes, eso se merece estar bien atento hasta el siguiente turno para no perdernos miradas, sonrisas o alguna estrella fugaz que nos ayude a cumplir un deseo, o por lo menos que nos de la esperanza de que lo lograremos. Ese puente dio por finalizado mi rato perdida en la ciudad y se encendió la luz en el alma.
Por la tarde, el camarote de nuevo volvió a llenarse y me acordé de que podía cambiar de juego, era el momento de la oca y era mi tirada. De repente se iluminó el tablero, un seis, había caído en el puente, avanzaba al siguiente y seguía tirando... En un mismo día sales de la cárcel, cambias de juego y empiezas con una tirada afortunada. Tendiendo puentes, eso se merece estar bien atento hasta el siguiente turno para no perdernos miradas, sonrisas o alguna estrella fugaz que nos ayude a cumplir un deseo, o por lo menos que nos de la esperanza de que lo lograremos. Ese puente dio por finalizado mi rato perdida en la ciudad y se encendió la luz en el alma.
Hoy no tararearé la canción de la entrada... hoy me he levantado con la que compartió mi 'compañero del alma' ayer... porque es una buena opción... porque este día no empezara en blanco, ni en negro... será de color... por eso, "hoy voy a recorrer esta ciudad, voy a llegar hasta el mar, el mar me cura la herida, y voy a saltar, voy a nadar hasta otro lugar, para toda la vida".
...la sublime belleza de lo inesperado. Seguimos jugando, ¿no?
ResponderEliminartoda la vida...
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