Me he detenido en más ocasiones de las que recuerdo, por lo que mi vida está cubierta de sueños atrapados... a veces es una simple fotografía la que nos grita que una vez estuvimos en la burbuja. Hay una muy cerca... es alegre... está tomada por un niño, y es una de las primeras que hace. Me lleva, sin que pueda evitarlo a unos fantásticos días azules en una ciudad mágica justo antes de todo... antes del desastre... antes del despertar... antes de averiguar que nada es para siempre... antes de que al niño se le perdiera su Unicornio Azul.
Solo te explicas haber tenido tantos instantes si crees que era un sueño interminable, de otra forma no puedes concebir que un día de 'para tanto'. Regreso entonces a las fotografías, mas de cien, definitivamente mi recuerdo y la realidad deben ser la misma cosa, no se trata del 'glamour', no hay nadie que me haya hechizado haciendo que mi percepción de ese día lo transforme en algo más bello de lo que realmente fue.
Una vez que has abierto la puerta a los recuerdos, irremediablemente, van apareciendo, uno tras otro los días que dan 'para tanto'. Y de repente la ruleta de la memoria se detiene en aquel día... aquel en el que el sueño se atrapó entre el ruido de motores y el del Mediterráneo. A ratos en una pista de asfalto con forma de casco vikingo, a ratos en una terraza con vistas al acantilado donde, con una copa en la mano, agradecía mudamente, ese magnífico regalo.
Por el contrario, existen otros días en los que te esfuerzas por recordar que has hecho y no encuentras nada de nada. No has trabajado, no has leído, no has visto nada interesante, tan solo has pensado, pensado y pensado. Y lo mas triste es que pensar no te ha llevado a ningún sitio, ni te ha sacado del vacío. ¿Como es posible que un día de para tan poco?
Una vez que has abierto la puerta a los recuerdos, irremediablemente, van apareciendo, uno tras otro los días que dan 'para tanto'. Y de repente la ruleta de la memoria se detiene en aquel día... aquel en el que el sueño se atrapó entre el ruido de motores y el del Mediterráneo. A ratos en una pista de asfalto con forma de casco vikingo, a ratos en una terraza con vistas al acantilado donde, con una copa en la mano, agradecía mudamente, ese magnífico regalo.
Por el contrario, existen otros días en los que te esfuerzas por recordar que has hecho y no encuentras nada de nada. No has trabajado, no has leído, no has visto nada interesante, tan solo has pensado, pensado y pensado. Y lo mas triste es que pensar no te ha llevado a ningún sitio, ni te ha sacado del vacío. ¿Como es posible que un día de para tan poco?
Ayer el día empezó como uno de estos últimos, pero como por arte de magia, después de un recodo, la estrechez se acabó... el sendero se convirtió en camino... llegó la calidez, la serenidad, el atardecer, la charla y las risas. Sé que es probable que no vuelva a oír el rugir de los motores, ni vuelva a la ciudad mágica, pero también sé, que en esos momentos fui consciente, me entretuve y disfruté.
Puede parecer que hoy la nostalgia es infinita, no es así, en todo caso si hay algo de tristeza puede ser en forma de tenue melancolía. Pero no es esa posible melancolía lo que marcará el día de hoy, sino las ganas de ir a por él, a por este nuevo domingo que compartimos, al encuentro de ese sueño que consiga que cada uno de nosotros podamos vivir lo que el tipo que un día fue feliz, que no es otra cosa que "crecer de tal modo que, llegue a alcanzar las estrellas, que me sonría con razón como lo hacen los tontos sin ella".

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