sábado, 8 de agosto de 2015

Las miradas...

"… hay distancias que guardan caricias, y lugares de pocos senderos 
mis señales de humo no encontraron ojos 
y llegaron cartas cuando estaba lejos …"




Una frase o una expresión puede encarnar la generosidad en estado puro, sin trampa, sin maquillar, sin esperas, la del te doy a cambio de nada.

"Solo por haberte devuelto la sonrisa para mí ya es especial".  Realmente lo especial es poder sentir esas cosas y poder decirlas. Igual de especial que es haberlo presenciado.  Poco o mucho algo casi nada, no siempre se cruzan todas las miradas, dice Pedro Guerra en su Oasis y tengo la suerte de que mis miradas sí que se cruzan con las necesarias.

La Jacarandá que está al inicio de mi calle fue derribada hace unos años por un fuerte viento… Cuando los encargados municipales estaban a punto de terminar de arrancarla, mi vecino haciendo realidad el 'si quieres puedes', consiguió convencerlos de que podándola y apuntalándola se salvaría. Hace algunos días,  la he visto terminando de tirar sus flores para que pueda llenarse de verde y he pensado en que siempre aquello que no te aniquila, te hace más fuerte.

Pero vuelvo a mi vecino y a todos los vecinos que he tenido, los vecinos son esas personas a las que acabas echando de menos sin saber como. Aunque vivo en un pueblo pequeño, durante muchos años he trabajado en otro lugar y he acabado concluyendo que también dentro de la ciudad, aunque jurídicamente se llamen barrios, existen los pueblos. Allí también identificas al matón, a la que la pena la embarga, al de la frutería, al que se lleva a su hijo al trabajo, a la Juez, al que sale con corbata y llega sin chaqueta, a la secretaria de horario partido, al médico, a la que cada mes tiene un novio (y cada mes mas guapo) y a todos y cada uno de los personajes que ahora mismo pueden existir al lado de donde escribo. 

Pero que identifiques a todas esas personas no significa en absoluto que puedas saber qué sienten, con qué sueñan o cual es su día a día...  Probablemente muchos de nosotros ni siquiera nos planteemos ese tipo de cuestiones, y es ahí cuando de repente te sorprendes leyendo en algún lugar de la red que tu vecina que vestía el traje de Supergirl y a la que creías inmortal, tiene miedo... Y entonces a falta de esa comunicación tan extraña hoy día que es sentarte toda la tarde con un café o una cerveza a lidiar tus miedos y buscar la forma de materializar tus sueños con alguien a quien le importes, te haces a la idea de que a lo mejor algún día también serás una heroína que tenga miedo.

Hace poco se fue para siempre alguien cuya partida, aunque no era alguien cercano, me hizo llorar durante un buen rato... Era alguien especial hasta para los que no tenían el placer de estar en su vida, tuvo todas las dificultades posibles y aún así salía a la calle con su sonrisa de todo está bien y el mundo es un lugar maravilloso. Se fue y yo ni siquiera tenía la entidad suficiente para acercarme a velarla, pero sí que estuve en su funeral y deseé que realmente se hubiera ido en paz.  En este caso, mi mirada sí que se posaba el tiempo suficiente en ella para intuir algo de su dolor o de su felicidad y hoy me he acordado nuevamente de ella y he vuelto a desear que esté en paz y que todo lo que haya dejado plantado, esté dando sus frutos.

Con el recuerdo de desconocidos que quizá no debieron serlo, de heroínas con miedo, de súper héroes cuya sonrisa esconde heridas del ancho del Danubio, llega un momento en el que vuelve la mirada, esa que puede llegar a besar, acariciar y reconfortar. Lo hace de la mano de esa persona especial, en cuyas acciones el tiempo y la cantidad son inversamente proporcionales, están siempre a cambio de nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario