el tiempo y la distancia ya no existen para mi
lo deje todo aunque todo lo recuerdo muy bien y a fuerza de partir voy a saber lo que es volver y volver"
No parece que vaya a ninguna parte, lanza sus pies uno detrás de otro sin mirar donde van a parar, y su rostro siempre va atento a cualquier mínimo detalle; un escaparate, un niño que juega, un edificio que pintan.
Su mirada azul antes de llegar a su destino, hoy se ha detenido en una fuente en la que dos niñas descalzas juegan intentando ahuyentar el calor y retrasar el momento en el que todo cambia. Piensa que probablemente ese fue su problema, ser totalmente consciente del fin de las etapas, distinguirlas cuando todavía ni siquiera se avistaban y decirlo en voz alta. Por eso ya no habla, le ocasionaba muchos problemas y dejo de hacerlo.
Desde entonces ha aprendido a observar las cosas el tiempo suficiente para que no le tilden de voyeur. Se sienta en un banco cada día, en el que el sol le mantiene el dorado eterno en unas manos que pasan hojas de una manera pausada.
Al acabar las páginas que le dicen como será mañana, impulsa su largo cuerpo a salir del letargo impuesto y se mira los zapatos a los que el vaquero intenta eclipsar. Están limpios, relucientes, listos para que sin mirarlos desanden el camino y le devuelvan al lugar donde el aire mueve su largo pelo rubio, su mirada puede libremente vagar sin temor y sus palabras oírse entonando una hermosa canción que jamás entonará nadie.
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