viernes, 20 de septiembre de 2013

Las pequeñas cosas...

"...uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boleto de ida y vuelta... como un ladrón me acechan detrás de la puerta, te tienen tan a su merced como hojas muertas...  nos hacen que, lloremos cuando nadie nos ve..."


Esta semana, a pesar de que físicamente estoy agotada, el cerebro me funciona a la perfección, tanto la parte emocional como la intelectual tienen los engranajes perfectamente alineados y trabajan con la precisión de un buen reloj. Obviamente ello significa que todos los intentos obtienen los resultados esperados. 

El cansancio físico se debe a la llegada del otoño, se acerca sin remedio y sin tener en cuenta que yo no formo parte de los otoños, que mis estaciones son la primavera y el verano. Sé que para muchos, los colores del otoño son los más espectaculares, pero a mí nunca me han sentado bien los marrones, ocres o rojos. Yo prefiero los azules, blancos, rosas... Nací en la estación de las flores y como ellas adquiero esplendor en esos meses. Pero esta semana he leído algo de alguien muy joven que proponía que no tendríamos que ser tan cuadriculados y que siempre debemos estar dispuestos a cambiar el rumbo. Con esa frase en el tintero he recordado que el otoño pasado no fue tan malo,  y que hace algunos otoños hice uno de los viajes que más he disfrutado en mi vida, así que este otoño que comienza en breve, voy a girar el timón y haré que cambie el rumbo. Será un otoño pintado de azul, en el que las horas de luz darán el calor necesario para aguantar la oscuridad... Será un otoño pintado de blanco en el que todo a mi alrededor brillará para no volver a perder la senda... Será un un otoño pintado de rosa en el que nuevamente estaré acompañada por los de siempre y por los que lleguen, por los que volveré a mimar y por los que nunca he dejado de querer.

Ello conlleva por supuesto y sin ningún lugar a dudas, que debemos ejercer aquello para lo hemos sido dotados, con la mayor predisposición de la que somos capaces y con el mejor de los talantes. Acometer nuestra tarea en la vida de una manera cordial, haciendo que nos guste lo que hacemos suele ser de lo más complicado la mayor parte de nuestros días. No en vano cuando somos niños, queremos ser adultos, cuando somos universitarios, estar en el mercado laboral y cuando por fin trabajamos que lleguen las vacaciones y si es posible un golpe de suerte que nos permita que éstas sean retribuidas indefinidamente.

Pero hay excepciones, muchas. En este momento recuerdo especialmente a dos. La primera de ellas es una camarera a la que admiro enormemente. Trabaja en un lugar donde habitualmente me tomo el café, siempre sonríe, siempre tiene una palabra amable y jamás parece cansada. No importa el día de la semana ni la hora, ella siempre tiene la misma sonrisa, siempre pregunta como estás y siempre te aconseja comer lo mejor que ese día tiene. No conozco absolutamente nada de su vida, no sé como se llama, pero no desaprovecho la ocasión de hacerle saber lo agradable que es ser atendida por ella.

La segunda persona que hoy acompaña mis pensamientos, es más cercana y también tenía el don de realizar bien todo aquello que emprendía. Su secreto era que al hacer las cosas, pensaba en quien iba a ver, recibir o disfrutar lo que salía de sus manos.  Sus manos eran especiales, no eran bonitas, pero eran mágicas... daban calor... tranquilidad... creaban figuras... pintaban... cocinaban... acariciaban. Los marrones y ocres sí que eran sus colores y el otoño sí que era su estación. Quizá porque el otoño es un comienzo y le gustaban mucho los inicios de todas las cosas, siempre se emocionaba ante cualquier tarea nueva, ideando como llevarla a cabo de la mejor manera posible y fabricando lo necesario para facilitarla. También al igual que 'mi camarera' recibía muchas felicitaciones diarias por su hacer y en este momento, la mayor parte de las veces que se le nombra es para recordar su comida o las risas que provocaba.

Quizá porque el otoño fuera su estación... quizá por esas pequeñas cosas que están en un rincón, en un papel o en un cajón... o quizá porque hoy ha habido un comienzo, ha estado a mi lado durante toda la tarde compartiendo mi alegría y mis ganas.

1 comentario:

  1. Buenas noches, me alegra sentirte otra vez, se te echaba de menos. Un fuerte abrazo.

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