domingo, 29 de septiembre de 2013

Cuidar lo que me regalas...

" Y cuidaré todo lo que me regalas... 
   Y me dejaré cada día sorprender...
   Y viviré cada instante con la calma...
   Gracias Vida por tus armas,
   y aprender a usarlas bien"





Es curioso como en momentos en los que todo a tu alrededor hace aguas eres capaz de olvidar todo lo bueno que has tenido, que tienes y que puedes vivir. Lo malo cobra fuerza y eres totalmente incapaz de recordar la alegría de los instantes, de las gotas de felicidad que han salpicado tu existencia.

No soy una princesa al uso, tengo la dosis justa de modernidad que hace que las perdices me las coma en mitad del cuento, que modifique el principio y el final y por supuesto que el pequeño principito no llegue en el momento que hubiera debido sino mucho después. 

Esta semana he tenido mucho tiempo para pensar. Como fin de fiestas para la misma y para culminarla me encontré con una película que a pesar de no ser no apta para sábados noche, por la mezcla de veracidad y drama, no pude dejar de ver tras la primera imagen. Siempre me duermo, las películas las veo de dos o tres veces, pues tampoco, aguanté estoicamente hasta el fin. Luego puse una comedia de la que ni siquiera recuerdo los créditos. Todo esto, la semana, los libros, las canciones, las películas y las charlas se han unido a que hoy me ha despertado él. Me ha sacado del sueño y me ha traído a la memoria pequeñas gotas de esa felicidad de la mitad del cuento.

Aunque la mayoría de nosotros piense que ciertos días son estrictamente comerciales, cuando los utilizas para celebrar algo, para recordar algo o para decirle a alguien cuanto le quieres de una forma especial, adquieren un significado diferente. 

En mi primer 'Día de la madre', mi pequeño empezaba a caminar, hacía quince días que había decidido que ya podía comerse el mundo y fue a por él. En ese momento, aunque juntaba más palabras que las que le correspondían a los meses de existencia, era incapaz de idear un regalo para mí. Tuvo la ayuda de alguien que también me adoraba y entre los dos hicieron que tras mi enfado inicial, aquel día hoy llegue como la página de un libro que relees una y otra vez. 

El regalo consistía en una caja de pinturas con una serie de fotografías en las que mi pequeño, muy pequeño, estaba cubierto de pintura de arriba abajo, aunque con una sonrisa que le cerraba completamente los ojos y hacía más profundo el hoyuelo de su mejilla. Tras poder cerrar la boca, lo primero que miré, lo reconozco, fue si la pintura era "apta para niños", por ese entonces no había adquirido la dosis de ligereza que el tiempo nos aporta y que hace que disfrutemos mucho más de los momentos. Instantes después entre risas y fiesta, el enano no aguantaba las ganas de llevarme a donde estaba el resultado de todo ese despliegue, y aquí si que no puedo describir lo que sentí, desafortunadamente carezco de las dotes necesarias para ello, así que lo resumiré diciendo que auténtica y verdadera FELICIDAD. Con mayúscula y de la que permanece. 

Ahora que ese pequeño ha crecido, y hasta el momento en el que deba volar, sigue regalándome cada día su sonrisa y también muchas risas, discusiones, castigos y canciones... VIDA. Yo le regalé la suya y él hace mejor la mía, por eso y porque en la vida todo pasa, "quiero poder dar de mi lo que no ves, quiero perder todo el miedo que acompaña, que bloquea y que me engaña y que no me deja ser". Y lo mas importante, cuidar todo lo que me regalas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario